Artículos de opinión

BREXIT, LET US IN

By noviembre 28, 2018 No Comments

Son multitud las noticias y artículos de opinión que, estos días, inundan los medios de comunicación nacionales e internacionales desmenuzando el brexit desde –casi– todos los puntos de vista. Se analizan su génesis política, el equilibrio resultante entre Reino Unido y la Unión Europea en términos macroeconómicos, de libertad de movimiento de personas y de capitales entre ambos y, en definitiva, cómo afectará al futuro de la Unión como proyecto de integración social, económica, diplomática o de seguridad.

 

Sin embargo, no se dedica especial atención a una de las consecuencias más dañinas que trae consigo este convulso proceso: la nociva inyección de incertidumbre que afecta a los sectores económicos con intereses en ambos espacios de actuación, agravada por la falta de una política de comunicación eficaz sobre el estado actual de la negociación por parte, principalmente, de las instituciones europeas.

 

En este sentido, cabe preguntarse si los dirigentes de Comisión, Parlamento y Consejo, además de nuestros ministerios de Economía y Empresa y de Asuntos Exteriores y Cooperación, han abierto un canal de información a la altura del reto que, todos ellos, enfrentan ante la salida de la quinta economía del club de países europeos. Cabe cuestionarse si están dotando de las herramientas necesarias a los representantes de intereses privados para conocer y, en la medida de lo posible, anticipar, las consecuencias que acarrean para sus representados.

 

 

Desde mi punto de vista, ni las instituciones europeas ni las españolas están satisfaciendo esa demanda de información veraz y centralizada que permita paliar los efectos negativos que la incertidumbre provoca en los operadores económicos. Las tres instituciones comunitarias principales han habilitado secciones dedicadas al brexit en sus respectivos portales que, sin embargo, no dejan de ser una recopilación a posteriori de los hitos que se van sucediendo. Pero, ¿y lo que está por venir?

 

Pongámonos en los zapatos de una empresa de capital español que se dedique, por ejemplo, a intercambiar profesores nativos británicos y españoles para impartir clases de idiomas en escuelas situadas en ambos lugares. Como es evidente, la deriva de las negociaciones le afecta hasta el punto de temer por la propia sostenibilidad de su negocio. Llegados a este punto, su consejo de administración decide, con buen criterio, contratar los servicios de una agencia especializada en asuntos públicos que le asesore sobre los distintos escenarios que, a día de hoy, siguen siendo incógnitas: brexit duro vs. brexit blando, calendario de implantación efectiva, salvaguarda de derechos adquiridos y retroactividad de la normativa resultante, etc.

 

Lejos de encontrar en la UE un aliado, el profesional de public affairs que tenga encomendada tan delicada misión se encuentra ante un marasmo de interlocutores cuya información no está acompasada, cuando no se enfrente al hermetismo propio de las negociaciones políticas. Y, por si fuera poco, a esto debemos añadir la falta de una regulación armonizada entre las tres instituciones citadas acerca de cómo llevar a cabo la función de representación de esos intereses económicos.

 

Esperando lo mejor para nuestra empresa de profesores nativos, los responsables de defender sus intereses en Bruselas, España –y Reino Unido– pondrán a su disposición todas las herramientas necesarias para que éstos se vean salvaguardados de la mejor forma posible. Pero la excepcionalidad de la situación no es óbice para que los profesionales del lobby y, por extensión, los operadores

 

económicos comunitarios, no hayan formado parte de las inquietudes de los responsables políticos al frente del proceso político de mayor relevancia e incertidumbre de lo que llevamos de siglo.

 

Por ello, resulta imprescindible aunar esfuerzos y permitir a las entidades privadas, por sí mismas o a través de sus representantes, conocer de primera mano el estado de las negociaciones y qué se cuece dentro del brexit. Ellas sí que no pueden permitirse quedarse fuera.